jueves, 29 de noviembre de 2012

Margot


Noviembre me dejó sin palabras. No encuentro. No sé. Con "no" de noviembre. ¿El futuro? Quién sabe. El pasado ya fue. Trato de enfocarme en el presente. Y claro: no tiene palabras. Porque cuando quiero ponérselas ya es pasado.

Ahora. Listos, preparados, ¡ya! ¿Cuántas brazadas más tengo que dar? Cuando pienso que ya llegué, la pileta se alarga. La pared es una ilusión: no hay. "The sky's the limit". Pero yo quiero llegar. ¿Alguna vez será? Otra vez el futuro. No sirve. Y otra vez un "no", en noviembre. Diciembre dirá "sí": Di-ci... (más futuro... uff...).

No digas sí, dí oui.

¿Y sigo caminando como la Pantera Rosa, a paso largo para llegar a vos? Para llegar a mi. Ya no soy tu Margarita, ahora me llaman Margot.

Listos, preparados, ¡YA!

domingo, 21 de octubre de 2012

Door


Desde hoy al mediodía vengo pensando en que soy como un caracol: mi casa soy yo. Un caracol que ama pero que no está dispuesto a reptar.

Me gusta el sol. Me gusta que brille, que caliente. ¿Que queme? No. Yo siempre uso protector. 

No me gusta llorar, aunque a veces me hace falta... De mis ojos salen ríos que van regando mis pies, y así las raíces se hidratan y puedo reverdecer. Cuando lloro siento que algo se despega, algo pringoso y desagradable, una especie de red que me paraliza. ¿Y las manos? ¿Y las piernas? ¿Para qué las tenés? ¿Y la cabeza? ¿Y el corazón? Eso: ¡el corazón! Late, mujer... ¡¡¡Vive!!! ¡Ahí está! ¡Te recuerda a cada momento, a cada instante que estás viva! Qué necedad no querer escuchar...

The long and winding road that leads to your door... 

Your door es my door... Y si no coinciden... Cartón lleno: game over. La boina: no te olvides de la boina... ¡Tenés tres! Dos vascas y una berlinesa. Y tus bombas son de sueños. Y tus manos pueden escribir. Y tu voz puede cantar. Y tus ojos aprenden a ver. Y seguirás aprendiendo hasta morir. Y tal vez más allá.

Volvé a visitar a Spinetta que sobrevuela la Biblioteca Nacional en naves como la del Capitán Beto. Y la bandera de River. Y sus guitarras. Y sus manuscritos. Y sus dibujos. Eso es vivir: quedándote o yéndote.

Amor. Ay, el amor. Pan con manteca y café con leche (o menú con papas fritas y good show).

No, no escribo incongruencias: ¿vos te entendés? Yo sí: mucho más de lo que creo. Mientras pueda drenar, va a estar bien. Si, sí: ya sé... ¡a nadar! Mientras nades no te vas a ahogar.

Algún día escribiré algo que les sirva a los que leen. Creo. No sé. Seguramente nunca. Lo mío es auténtica autoayuda. Por ahora.

Y llovía, llovía...


domingo, 30 de septiembre de 2012

El cielo es de todos


Voy volviendo a mi. Salgo de vos y entro en mi, otra vez. Esto es casa. Y aunque me den ganas de llorar, aunque quiera encontrar el futuro en el ahora, cuando vuelvo a casa encuentro paz. Mi paz. Tus ojos son míos, mis manos son tuyas. ¿El cielo? El cielo es de todos. Pero en casa, las nubes se despejan si soplo fuerte. Yo sé despejar mi cielo, aprendí... Cuánto costó.

El nudo del ego en el estómago. No. No quiero. No me lo merezco. Tengo todo lo que tengo que tener. El amor existe: yo lo sé. Y brilla. Y es transparente. Pero cambia de color. Algunas veces es azul, otras verde... Y a veces tan transparente que no se ve. El color ideal. Un arrorró. Soñar no alcanza: vivir, sí.

¿Y si un día empiezo a volar? Hace tiempo que sueño con dar vueltas en el aire, cerca del sol. Y me lanzo hacia atrás, boca arriba, para no perder detalle. Y el nudo se deshace: el amor sostiene.

No dejo de soñar. Pero hago esta vez. No quietud. No más. ¡Con lo que me gusta caminar! Qué se yo cuántos caramelos quedan en mi bolsa cuadrillé celeste y blanca como la que llevaba al jardín de infantes del Normal 4...

¿Que qué es la felicidad? Uf, tantas cosas...

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Para volar más alto


Late fuerte. ¿O no late? Late de latir: no estoy en Italia. Claro, no: sería latte. ¿Sabés? Ahora nado espalda. Miro al techo, miro al cielo. El corazón me late fuerte y miro al cielo. Hay sol. Siempre hay sol. Aunque llores: hay. Y la meseta se me hizo montaña. De golpe. A los ponchazos. ¡Cuánto placer vivir! Y recuerdo mi viaje a Ushuaia, y que volar me da miedo, pero cuando despego, me emociono: estoy viva. Y todo es tan chiquito. De golpe. Y el cielo está tan cerca. Mar, tierra, cielo, aire, sol: todo ahí, a tu alrededor. Y Radiohead entrando desde mis oídos hacia el corazón. Que late. Y (otra vez de golpe) la monotonía –que no es monótona– desaparece y detrás de una montaña se asoma el fin del mundo... ¿O el principio?

Volar me da miedo pero cuando despego soy feliz. Con la vida me pasa lo mismo. Exactamente lo mismo. El miedo me hace sentir viva. Y del temor a la carcajada. Y del hoy a quién sabe dónde. 

...

Laberinto. No, laberinto no. Es mucho más fácil. Si te subiste, vas a despegar. Sí, vas a despegar. Creo que ya despegaste cuando decidiste subir a pesar del miedo.

Cada vez que llego a la pileta, me tiro de cabeza. Debajo del agua me siento más liviana, veo todo azul y hay silencio. La paz. Cuánta paz.

No tiene final esta vez. Queda abierto.
(Tengo una varita mágica que me prestaron).

sábado, 25 de agosto de 2012

Hoy


Y tengo que drenar, drenar, drenar. Y te dejo en paz y me dejo en paz. Y sigo nadando, y pensando. O mejor, dejo de pensar. No pensar. No pensar. Seguir viviendo sobre mi balsa, remo en mano. Qué lindo que de vez en cuando me topo en este río con un salto que me acelera el corazón. Adrenalina por lo que vendrá, por lo que hay. Ser, vivir, estar. Reír, llorar. ¡¡¡¡Sentir!!!! Escribir rápido, durante la pausa de una película romántica de sábado a la tarde.

Presente. Eso: presente. Hoy.


domingo, 29 de julio de 2012

El color ideal


Si entrecerrás un poco los ojos, podés enfocar mejor. Tal vez por eso los orientales manejan un nivel de sabiduría superior. Bueno, no sé si se trata de superioridad, pero pueden ver las cosas con una sencillez que te acomoda los pensamientos rápidamente. Alinear cabeza, corazón y espíritu. Ver las cosas como son, pero a lo mejor con un color propio, nuevo. Ideal, no: distorsiona. Además, ¿cuál es el color ideal?

Hoy mientras nadaba y pensaba (para eso voy a nadar) me pasó algo interesante: de ida casi lloraba por un pensamiento que se me cruzó entre la gorra y las antiparras y cuando estaba pegando la vuelta, le pegué la vuelta a esa idea triste y se volvió esperanzadora... ¿Será que los orientales son buenos nadadores? ¿Será esa la intención de las señoras (y señores) que se estiran la cara hasta parecer orientales? A lo mejor estamos equivocados y no es una manera de sostener el ego de la juventud. Sí, ya sé... Estoy destilando ironía en este comentario. Pero si no la destilo acá, ¿en dónde? ¿Para qué escribís, si no?

¿Te acordás de los caramelos Suchard? Eran unos que venían envueltos en papel blanco y los extremos  tenían colores acordes al sabor. Apenas los probabas eran ácidos, pero después se volvían dulces. ¿O era al revés? Creo que me parezco un poco. Un poquito, nada más. Y solo a veces.

Están repitiendo las pruebas de natación de hoy. Las voy a volver a ver. Me encantan los nadadores. Ellos deben saber lo que yo trato de descubrir.

A sus marcas...
Listos...

domingo, 1 de julio de 2012

Con "A" de Amor


Ruidos de domingo anocheciendo. 

Casi siempre escribo los domingos, esquivando el ocaso del fin de semana... Eso es un cliché: a mi no me deprimen los domingos. Me deprimen la soberbia, la violencia, la insensibilidad, el enfrentamiento innecesario. Y me enciende la música, nadar, bailar, amar y un montón de cosas más como, por ejemplo, las empanadas de carne de Amelia. 

Amelia es hija de un vasco grandote y fuerte y de una descendiente de tanos con una polenta que te la voglio dire... Ella dice, y cuando dice, te mira a los ojos. Es frontal y es payasa. Dura y tierna. Fuerte y débil. Transparente. Ella te abraza aunque no lo haga. Te abraza con arroz con leche y a veces con sus brazos pulpo y sus manos bellas. Te sostiene aunque esté lejos. Y ahora que está cerca, me tomo el colectivo y la voy a visitar. Y cuando entro a su casa cálida, moderna, colorida, siempre perfumada e impecable, entro nuevamente a su matriz, a mi refugio.

Amelia es mi mamá. Y tengo tanta, tanta suerte...