domingo, 30 de septiembre de 2012

El cielo es de todos


Voy volviendo a mi. Salgo de vos y entro en mi, otra vez. Esto es casa. Y aunque me den ganas de llorar, aunque quiera encontrar el futuro en el ahora, cuando vuelvo a casa encuentro paz. Mi paz. Tus ojos son míos, mis manos son tuyas. ¿El cielo? El cielo es de todos. Pero en casa, las nubes se despejan si soplo fuerte. Yo sé despejar mi cielo, aprendí... Cuánto costó.

El nudo del ego en el estómago. No. No quiero. No me lo merezco. Tengo todo lo que tengo que tener. El amor existe: yo lo sé. Y brilla. Y es transparente. Pero cambia de color. Algunas veces es azul, otras verde... Y a veces tan transparente que no se ve. El color ideal. Un arrorró. Soñar no alcanza: vivir, sí.

¿Y si un día empiezo a volar? Hace tiempo que sueño con dar vueltas en el aire, cerca del sol. Y me lanzo hacia atrás, boca arriba, para no perder detalle. Y el nudo se deshace: el amor sostiene.

No dejo de soñar. Pero hago esta vez. No quietud. No más. ¡Con lo que me gusta caminar! Qué se yo cuántos caramelos quedan en mi bolsa cuadrillé celeste y blanca como la que llevaba al jardín de infantes del Normal 4...

¿Que qué es la felicidad? Uf, tantas cosas...

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