domingo, 29 de enero de 2012

Cantar


El primer texto de este año es sobre cantar. Pero no tengo palabras. Yo –que hablo mucho, y escribo cosas todo el tiempo– no encuentro las palabras. Porque cantar es eso: silencio. Silencio en el cerebro, luz en el corazón. La música es verborragia de sentimientos. No pensar. Expresar. Liberar. Y que no te importe. Y si afinás, ¡mucho mejor! Si los que escuchan disfrutan, ¡muuucho mejor! Pero lo esencial es interno. ¿Viste cuando estás en tu casa, solo, y te mirás en el espejo y decís: "¿Qué soy?"? Sólo encuentro la respuesta cuando me pongo a cantar. Porque ya no pasa por mi mente.

Hace muchos años –la primera vez que canté en público– no invité a nadie. Era una muestra de fin de año del conservatorio donde estudiaba en ese momento. Estaba muerta de miedo y me daba mucha vergüenza (todavía me pasa, pero menos). Sólo le avisé a mi amiga Virginia, que es una magnífica taurina sin rodeos cuando de ser frontal se trata (como la mayoría de los taurinos, bah). Ella tiene un aspecto angelical, pero es la persona más directa que conozco y dice verdades –duras a veces– pero verdades al fin. Necesitaba su opinión.

Cuando la muestra terminó, nos fuimos las dos en su autito. No me dijo nada. Y yo, claro, no pregunté: ¡tenía pánico de saber! Me quedé a dormir en su casa y a la mañana siguiente, nuevamente arriba del autito, me dijo: "Ya entendí por qué cantás. Porque cuando lo hacés, sos la que sos, y no la que te hacés." Contundente, brillante, esclarecedor. Yo cantaba desde siempre pero, un par de años antes de esa muestra, había decidido estudiar música para entender cómo funcionaba ese tema para mi. Ya me conocen: siempre procuro entender el funcionamiento de las cosas... Y cantando, justamente, siento que no todo se puede fundamentar, que vale el momento en que algo sucede y te permite ser feliz entre acordes, sin entender.

Cantar. ¿Viste? Es tan simple como eso. Tu música en algún lugar está.

¡Voilà! ¡Encontré palabras!

sábado, 31 de diciembre de 2011

Todo


Con tanto vaticinio de fin del mundo, es difícil pensar en otra cosa relacionada con el 12. Pero, no nos olvidemos que cuando dieron las 12, Cenicienta volvió a ser ella misma y el amor la encontró igual. Que tenemos 12 meses para transitar, algunas veces despacito, otras más rápido... Algunos días van a ser soleados y otros no. Vamos a tener alegrías y tristezas, claro. No te va a pasar todo lo maravilloso que deseás que te pase. Pero, si estás atento, a lo mejor empezás a ver formas y colores nuevos, a descubrir lugares que no conocías, personas que no registrabas o que de repente aparecen en tu vida y te hacen sentir feliz.

Yo me llevo de este año todo eso. Todo. Lo lindo, lo feo, lo alegre, lo triste. Y, ¿sabés qué? Espero que el 2012 sea igual, con todos los matices que tenga que tener. Claro que deseo para vos y para mi que haya buena salud, que amemos y que nos amen, que trabajemos y que nos guste aquello a lo que nos dedicamos. Pero, pongamos lo que haga falta de nuestra parte, ¿no? (Estoy pensando en voz alta, como casi siempre).

12: pasas de uva cuando cambia el año, mediodía, docena de medialunas calentitas, signos del zodíaco, meses, apóstoles... ¿Se te ocurre algo más?

¡Feliz Año Nuevo!

lunes, 26 de diciembre de 2011

El alma es como el corazón de dulce de leche del bombón helado


Cuando me da tos es porque se me desacomodó el alma. Un poquito. Y no necesariamente es malo desacomodarse, ¿eh? Porque si no, no pasa nada. Entrás en el estado meseta: todo igual, "todo liso"... Toser es incómodo, el alma, no. El alma es... Uy, me metí en un lío. El alma es como el corazón de dulce de leche del bombón helado. Porque, para mi, eso no es corazón: es alma. Pero podríamos discutir mucho rato al respecto, y tal vez no llegaríamos a un acuerdo. ¿Te parece una discusión trivial? Quizás sea la más importante de tu vida... Estoy exagerando: es la tos.

Se te traba la lengua. A mi también. Y el alma, a veces. Y el cerebro, ¡ni te cuento! Espantoso el calambre de cerebro. Porque cuando se te acalambran los gemelos, te parás, elongás... Pero elongar el cerebro es una tarea de años... Hasta de siglos... De reencarnación en reencarnación... Podés pegarte la cabeza contra el piso: no resulta.

Estoy divagando. Ya sé. Tengo derecho: el miércoles cumplo años. Y todavía no me fijé qué es el 45 en la quiniela (...) ¡ES EL VINO! Brindaremos nomás. Desde que me acuerdo, mi cumpleaños es un evento en medio de eventos: que llega Papá Noel, que cambia el año, que hacete el balance, que cuáles son tus proyectos para la próxima etapa... ¡Uh! ¿Sos del 28? ¡Ja! ¡Qué joda para tus viejos! ¡Que la inocencia te valga!
...

Y la inocencia, me vale.

lunes, 7 de noviembre de 2011

"Te ponemos el mute"


Bricolásh de pensamientos. Patchwork de sentimientos. Feliz. No feliz. Amor y no. Y más bricolásh, y tomates y humor negro para condimentar. Ironía: gran salida y a esquivar. O a esquiar con calor... Y claro, no hay nieve. Harta del ruido, de los ruidos, de mis ruidos. Amo el silencio. En silencio los colores son mejores, los sabores se disfrutan y el sol sabe brillar. Mi sol sabe brillar. En silencio.

Me aburre mucho estar triste. ¿Y a vos? ¿Qué te pasa con eso? ¿Sentís? ¿Esquivás? ¿Esquiás? A mi el frío sólo me gusta para dormir. Esquiando soy un desastre. Esquivando... ¿Quién no sabe esquivar? (...).

Tuve que interrumpir. Me fui a la ventana de la cocina a pedir favores. Los chabones están en la esquina, como casi siempre, y no paran de gritar. Y yo: "Che, ¿me bajan el volumen, por favor, que mañana se madruga acá?". Y Chabón 1 responde: "Perdón: te ponemos el mute". Caigo tarde y contesto: "¿Cómo?". Y Chabón 2 dice: "Hacemos silencio". Fin. "Te ponemos el mute". Genial. Ge-nial. Y pusieron el mute, nomás.

Ya me siento mejor. Hay silencio. Hablando la gente se entiende. Y los tomates crecen, el tender zapatea al ritmo del viento y Sofía Gala no sé qué dice en la tele. Porque está en mute.

Este es mi mundo y a veces soy feliz. ¿Te acordás de Julieta Magaña? Ella era feliz siempre...

domingo, 23 de octubre de 2011

Como en el aire


Sí que tiene sentido. Vas para abajo, rebotás, subís. Meseta. Para arriba otra vez. ¿Y quién dijo que estar quieto es mejor? A veces sí, a veces no. Vos sabrás. Yo sabré. O aprenderemos. ¿Hay algo mejor que desconocer? En fin, no sé. Nunca sé. No quiero saber. Prefiero descubrir. Como con el tomate que planté: primero verde, ahora verde y amarillo, ¡y espero que llegue el rojo! Y en las hojitas el aroma de lo que vendrá. Como en el aire. Como en la primavera.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Hualfin y Centenera



Se me escurrió. Es que el tapón no tapa bien. Pero bueno, que fluya. El agua es transparente hasta que tiene sarro. Mi cabeza, lo mismo. Y en mi vida, en la vida, en nuestra vida ¿quién no tiene un poco de opacidad? San Transparente no existe. Santa Claridad, tampoco.

Volver a hamacarme, como cuando era chiquita y mi papá me llevaba al parque. Calesita de Tatín, hamaca, y mis hermanos con la lanchita Pof-Pof en los enormes piletones del Parque Chacabuco. No había autopista todavía, y el jacarandá –que años después dibujé– no estaba "del otro lado".

Reposo del alma, del corazón, de la mente. Jacarandás en las retinas, siempre. Porque en el barrio donde nací –Hualfin y Centenera– los jacarandás eran el color de la primavera cuando llegaba. Y ahora que está llegando, me voy a ir a caminar por allí para recordar mi infancia, mi parque, y la mano fuerte de mi papá que me llevaba segura, protegida, por las veredas que bordeaban las calles de adoquines. Él caminaba rápido, y yo casi que volaba para seguirle el tranco. Y los jacarandás se reían con nosotros.

Fui tan feliz durante mi infancia. Por eso siempre tengo cerca alguna foto que me recuerda mi niñez. No soy tan diferente ahora. Pero extraño la mano fuerte que me dé seguridad. Y el tranco largo que me haga volar por las calles de mi barrio.

viernes, 19 de agosto de 2011

Si Confessore quiere...


Pienso que si dejo de escribir no sirve, Es que el frío me atrofia los dedos. A veces, también me atrofia el humor. Y en este momento siento que lentamente me voy deslizando en un culo-patín desde una montaña nevada hacia el sol. De a poquito la nieve desaparece y vuelve el calor. Calor de sol, calor de abrazo.

Nadar es una de mis mejores maneras de escucharme. Silencio intermitente al ritmo de las brazadas. Respiración. Mente enfocada y a la vez liberada. ¿A quién le importa? ¡A mi! Mis ojos perdieron foco, mi cabeza enfoca mejor. Envejecer es redistribuir las energías. Nada se pierde, todo se transforma.

¿Pecho o crol? Pecho es vista al frente, crol hacia un lado y hacia abajo... Y un poco al frente, porque si no te chocás con la pared. Llegás, pero lastimado. ¿Y cómo hacés para nadar espalda? A mi me desorienta mirar para arriba. Debe ser que mi Capricornio no me deja... Tanta tierra hay por aquí. Debería aprender a mirar hacia arriba. Sí. Definitivamente. ¡A nadar espalda!

Nunca fui una buena deportista. Mis hermanos, por el contrario, siempre han sido perseverantes y eficientes en ese aspecto. Una vez, cuando era chica, corrí una carrera de natación de no federados. Como solo yo –dentro de ese grupo– nadaba mariposa (con patada de pecho), fui la única participante. Me paré en el borde de la pileta y cuando sonó el ¡priiip!, me lancé al agua. Seguramente me dí un panzazo, porque recién aprendía a tirarme de cabeza. Nadé con mi mejor estilo "mariposa-con-patas-de-rana" y cuando terminé me aplaudieron, subí al primer lugar del podio y me dieron una medalla. Esa fue mi primera (y única) experiencia en lo que respecta a competencias deportivas. Ahora que lo escribo comprendo por qué nunca volví a interesarme en esas actividades: fue muy fácil y algo injusto recibir una medalla en esa oportunidad. Saturno no perdona.

Dibujar sí que era un placer para mi. Y, claro, de alguna manera eso se transformó en mi profesión. Recuerdo disfrutar mucho del olor de las acuarelas, del color de las pinturitas. Dibujaba al dentista, que me daba (y me da) miedo. Dibujaba aparatos que inventaba. Dibujaba y dibujaba...

Hoy la sal se me humedeció un poco.
Y bué... Mañana saldrá el sol, si Confessore quiere...