lunes, 26 de diciembre de 2011

El alma es como el corazón de dulce de leche del bombón helado


Cuando me da tos es porque se me desacomodó el alma. Un poquito. Y no necesariamente es malo desacomodarse, ¿eh? Porque si no, no pasa nada. Entrás en el estado meseta: todo igual, "todo liso"... Toser es incómodo, el alma, no. El alma es... Uy, me metí en un lío. El alma es como el corazón de dulce de leche del bombón helado. Porque, para mi, eso no es corazón: es alma. Pero podríamos discutir mucho rato al respecto, y tal vez no llegaríamos a un acuerdo. ¿Te parece una discusión trivial? Quizás sea la más importante de tu vida... Estoy exagerando: es la tos.

Se te traba la lengua. A mi también. Y el alma, a veces. Y el cerebro, ¡ni te cuento! Espantoso el calambre de cerebro. Porque cuando se te acalambran los gemelos, te parás, elongás... Pero elongar el cerebro es una tarea de años... Hasta de siglos... De reencarnación en reencarnación... Podés pegarte la cabeza contra el piso: no resulta.

Estoy divagando. Ya sé. Tengo derecho: el miércoles cumplo años. Y todavía no me fijé qué es el 45 en la quiniela (...) ¡ES EL VINO! Brindaremos nomás. Desde que me acuerdo, mi cumpleaños es un evento en medio de eventos: que llega Papá Noel, que cambia el año, que hacete el balance, que cuáles son tus proyectos para la próxima etapa... ¡Uh! ¿Sos del 28? ¡Ja! ¡Qué joda para tus viejos! ¡Que la inocencia te valga!
...

Y la inocencia, me vale.

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