miércoles, 19 de septiembre de 2012

Para volar más alto


Late fuerte. ¿O no late? Late de latir: no estoy en Italia. Claro, no: sería latte. ¿Sabés? Ahora nado espalda. Miro al techo, miro al cielo. El corazón me late fuerte y miro al cielo. Hay sol. Siempre hay sol. Aunque llores: hay. Y la meseta se me hizo montaña. De golpe. A los ponchazos. ¡Cuánto placer vivir! Y recuerdo mi viaje a Ushuaia, y que volar me da miedo, pero cuando despego, me emociono: estoy viva. Y todo es tan chiquito. De golpe. Y el cielo está tan cerca. Mar, tierra, cielo, aire, sol: todo ahí, a tu alrededor. Y Radiohead entrando desde mis oídos hacia el corazón. Que late. Y (otra vez de golpe) la monotonía –que no es monótona– desaparece y detrás de una montaña se asoma el fin del mundo... ¿O el principio?

Volar me da miedo pero cuando despego soy feliz. Con la vida me pasa lo mismo. Exactamente lo mismo. El miedo me hace sentir viva. Y del temor a la carcajada. Y del hoy a quién sabe dónde. 

...

Laberinto. No, laberinto no. Es mucho más fácil. Si te subiste, vas a despegar. Sí, vas a despegar. Creo que ya despegaste cuando decidiste subir a pesar del miedo.

Cada vez que llego a la pileta, me tiro de cabeza. Debajo del agua me siento más liviana, veo todo azul y hay silencio. La paz. Cuánta paz.

No tiene final esta vez. Queda abierto.
(Tengo una varita mágica que me prestaron).

sábado, 25 de agosto de 2012

Hoy


Y tengo que drenar, drenar, drenar. Y te dejo en paz y me dejo en paz. Y sigo nadando, y pensando. O mejor, dejo de pensar. No pensar. No pensar. Seguir viviendo sobre mi balsa, remo en mano. Qué lindo que de vez en cuando me topo en este río con un salto que me acelera el corazón. Adrenalina por lo que vendrá, por lo que hay. Ser, vivir, estar. Reír, llorar. ¡¡¡¡Sentir!!!! Escribir rápido, durante la pausa de una película romántica de sábado a la tarde.

Presente. Eso: presente. Hoy.


domingo, 29 de julio de 2012

El color ideal


Si entrecerrás un poco los ojos, podés enfocar mejor. Tal vez por eso los orientales manejan un nivel de sabiduría superior. Bueno, no sé si se trata de superioridad, pero pueden ver las cosas con una sencillez que te acomoda los pensamientos rápidamente. Alinear cabeza, corazón y espíritu. Ver las cosas como son, pero a lo mejor con un color propio, nuevo. Ideal, no: distorsiona. Además, ¿cuál es el color ideal?

Hoy mientras nadaba y pensaba (para eso voy a nadar) me pasó algo interesante: de ida casi lloraba por un pensamiento que se me cruzó entre la gorra y las antiparras y cuando estaba pegando la vuelta, le pegué la vuelta a esa idea triste y se volvió esperanzadora... ¿Será que los orientales son buenos nadadores? ¿Será esa la intención de las señoras (y señores) que se estiran la cara hasta parecer orientales? A lo mejor estamos equivocados y no es una manera de sostener el ego de la juventud. Sí, ya sé... Estoy destilando ironía en este comentario. Pero si no la destilo acá, ¿en dónde? ¿Para qué escribís, si no?

¿Te acordás de los caramelos Suchard? Eran unos que venían envueltos en papel blanco y los extremos  tenían colores acordes al sabor. Apenas los probabas eran ácidos, pero después se volvían dulces. ¿O era al revés? Creo que me parezco un poco. Un poquito, nada más. Y solo a veces.

Están repitiendo las pruebas de natación de hoy. Las voy a volver a ver. Me encantan los nadadores. Ellos deben saber lo que yo trato de descubrir.

A sus marcas...
Listos...

domingo, 1 de julio de 2012

Con "A" de Amor


Ruidos de domingo anocheciendo. 

Casi siempre escribo los domingos, esquivando el ocaso del fin de semana... Eso es un cliché: a mi no me deprimen los domingos. Me deprimen la soberbia, la violencia, la insensibilidad, el enfrentamiento innecesario. Y me enciende la música, nadar, bailar, amar y un montón de cosas más como, por ejemplo, las empanadas de carne de Amelia. 

Amelia es hija de un vasco grandote y fuerte y de una descendiente de tanos con una polenta que te la voglio dire... Ella dice, y cuando dice, te mira a los ojos. Es frontal y es payasa. Dura y tierna. Fuerte y débil. Transparente. Ella te abraza aunque no lo haga. Te abraza con arroz con leche y a veces con sus brazos pulpo y sus manos bellas. Te sostiene aunque esté lejos. Y ahora que está cerca, me tomo el colectivo y la voy a visitar. Y cuando entro a su casa cálida, moderna, colorida, siempre perfumada e impecable, entro nuevamente a su matriz, a mi refugio.

Amelia es mi mamá. Y tengo tanta, tanta suerte...

domingo, 3 de junio de 2012

Ochentoso


Salty bland, sería. O por ahí, ¿entendés? "Sosa con sal". Es decir que yo me llamaría Marianne Bland. Menos mal que nací en Argentina... Claro: si ya de entrada te etiquetan de "blanda"... ¿cómo encarás la vida? Bué, como cuando te viene el Sosa en la libreta: con sal.

Pero venía pensando que a los penales no. Injusto. ¿No existe otra manera de definir? Este texto no tiene rumbo. Y si entramos en la filosofía barata (y en chancletas, encima) más que rumbo nos vamos directo al fondo.

Ruuuuummmmmmmmmmmmmm... Una moto. Silencio. En el fondo se escucha la radio del vecino de arriba. Creo que está viendo el partido, porque de golpe grita como loco. Todavía no entiendo para quién hincha. El partido está 0 a 0.

Paré de tipear un rato. Atendí el teléfono: una encuesta que no voy a contestar. Es domingo. ¿Hay algo más deprimente que responder una encuesta telefónica un domingo a las 20:40? Dicen las estadísticas que hay mucho suicida dominguero. Yo no entiendo bien por qué. No es para tanto. Buen fin y mejor principio.

Nada. 

(He llegado hasta tu casa
Yo no sé cómo he podido
Si me han dicho que no estás, que ya nunca volverás
Si me han dicho que te has ido)

Estoy probando el experimento de ponerme a escribir cuando no se me ocurre nada que decir. De hecho, estaba quitándoles las hombreras a un tapado ochentoso que intento modificar y, como la costura no es mi fuerte, lo dejé por la mitad. Si me lo pongo así voy a parecer media chica Palmer. O cero. O nada. (Seguimos 0-0).

Mejor no lo leas. Por favor, no lo leas.

¡A los penales, no!
¡A los penales, no!

(El partido tenía un claro destino de cero, dijo el relator...)

domingo, 13 de mayo de 2012

Desprolijo (sucio, no)

Ta, te, ti
Suerte para...

Me pongo a escribir. Escritura de domingo (medio fulero... ¿Rulero? ¡Cero! ¿Agujero?...).

No, no, no... Cambiame el switch. Subí. Primero, prendé la luz (es que ya se hizo de noche). ¿Ves las escaleras? Unas para arriba, otras para abajo. Elegís. El esfuerzo es casi el mismo. Aunque subir cansa un poco más, el aire se renueva y después te sentís mejor. O no, pero subiste. Y si bajás, viste cómo es: sótano, humedad y en el peor de los casos ratas... Puaj.

Apeten-cem-bem
Tucumán-len-ci
Amamá-gu-rí...

Se me mezclan los juegos del recreo en el Normal 4. Patio amplio y un ombú. Paredes grises, mucho cielo, poco sol. ¿Recuerdo bien? Jardín de Infantes, el olor del mate cocido con leche en las tacitas de plástico. Yo usaba una canastita redonda, con tapa. Medias tres cuartos, delantal a cuadrillé celeste y luego marrón.

Si estás leyendo, no vas a entender. Porque no hay nada especial que decir. Solo recuerdo cosas y las escribo. Desprolijo, desordenado, vital, como las macetas en mi balcón. Flores lindas, flores secas, cactus, piedras, cielos y el tender con la ropa secándose. Mezcla de orden y desorden. Me gusta así.

¿Y cómo es tu mundo? El mío... Zapatos, sillón, mesa china, monitor, biblioteca. Boina, el chambergo de Manuel y el jueguito de té de Clotilde. Imanes, fotos, luz. Papel, música. Cielo de día con plantas, cielo de noche con luna o con ventanitas amarillitas que se prenden y se apagan. Cocina patito, fea pero linda. Baño oscuro, muy muy blue. Y los colores asomándose siempre que pueden, como en mi corazón. En el dormitorio hay cama, cajas, libro, velas, despertador, foto, foto, fotito y Dios. Y México, China y yo, claro.

Pisa, pisuela color de ciruela
Vía, vía, va este tren
No hay de menta ni de rosa
Para mi querida esposa
Que se llama Doña Rosa
Y que vive en...


(Sol, Do)

sábado, 21 de abril de 2012

Arrorró


Si encontrara esa piedrita... Una como las que marcaban el camino de Hansel y Gretel de regreso a casa... Como un eslabón perdido. 

Harry y Sally están mudos: ya sé lo que van a decir, ya los escuché mil veces. Y los pies se me enfrían otra vez: el otoño finalmente está acá. Parecía que nunca llegaría, pero lo inevitable sucede: siempre.

Una vez te amé con todos, todos mis cielos. Los puse a tu disposición. Eras mi tren, mi andén, mi sol. Y cómo me costó dejarte ir, aunque ya estuvieras lejos. Y ahora recuerdo que fue lindo ser toalla blanca, uña de Dios y todo eso. Hace poco supe que vos también me tenías guardada en un lugar especial. Inalcanzable, imborrable, para siempre. Compañeros de boinas y de cielos. Eso fuimos. Eso somos. Así.

Y ahora estoy pensando que el camino ya está listo. No hay tristeza. Encontré unas alas por acá y me las puse un rato. Después me las saqué y seguí volando. Si no soy pájaro, soy flor. Y si soy barro, algo nuevo crece igual.

¡fiúuuuuu! empezó a soplar el viento. Que despeja. Que arrulla. Que eleva.

...

Y después de leerme no puedo terminar acá. Me olvidaba del sol que sale todos los días. De las ganas de reírse con los pájaros, las flores, el barro y lo que haya. De la fuerza de un avión cuando despega y ¡iupi! se te ensancha el alma, la mente y el amor. Amplio. Tan amplio como el bosque de Hansel y Gretel y tan cálido como el refugio que te espera. En algún lugar.

A ver...

Me costó, ¿eh?
Ahora sí.