Casi siempre escribo los domingos, esquivando el ocaso del fin de semana... Eso es un cliché: a mi no me deprimen los domingos. Me deprimen la soberbia, la violencia, la insensibilidad, el enfrentamiento innecesario. Y me enciende la música, nadar, bailar, amar y un montón de cosas más como, por ejemplo, las empanadas de carne de Amelia.
Amelia es hija de un vasco grandote y fuerte y de una descendiente de tanos con una polenta que te la voglio dire... Ella dice, y cuando dice, te mira a los ojos. Es frontal y es payasa. Dura y tierna. Fuerte y débil. Transparente. Ella te abraza aunque no lo haga. Te abraza con arroz con leche y a veces con sus brazos pulpo y sus manos bellas. Te sostiene aunque esté lejos. Y ahora que está cerca, me tomo el colectivo y la voy a visitar. Y cuando entro a su casa cálida, moderna, colorida, siempre perfumada e impecable, entro nuevamente a su matriz, a mi refugio.
Amelia es mi mamá. Y tengo tanta, tanta suerte...

Mariana esto es tan hermoso, pero tan hermoso que se lo voy a mandar a mi mamá...
ResponderEliminara ver si nos hace empanadas!!!
un abrazo, nuevamente, es un placer leerte!
gracias!
¡Es un placer para mi que disfrutes leyéndome! Gracias a vos y espero que tu mamá también lo disfrute (y nos haga empanadas)... Besos+
ResponderEliminarBellísimo! Me encantó ! Y mil abrazos para la adorada Amelia!
ResponderEliminar¡Gracias, Mónica! Los abrazos serán dados. Besos+++
EliminarBella...como tu madre...ambas bellas..hermoso relato, amiga, me llegó profundo...y hasta puedo oler esas empanaditas...mmmm...qué ricas :)
ResponderEliminar¡Gracias, amiga! Cuando quieras probar las empanadas de Amelia, ¡me avisás! Besos+++
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