viernes, 22 de julio de 2011

Mesa 2


Es que a veces no tengo alternativa. Porque si hablo conmigo y me contesto, voy cambiando constantemente las preguntas y las respuestas. En cambio si escribo, acá queda. Claro, lo puedo modificar cuando quiera... Pero en este espacio el copy-paste solo vale para optimizar la redacción.

No me gusta hacer trampa, mucho menos a mi misma. ¿Qué sentido tendría ganar si sabés que te estás mintiendo? La mentira tiene patas cortas y yo tengo patas largas. No somos compatibles, no nos sentimos bien juntas.

En mi camino habitual a la fábrica, los martes y jueves tempranito, cada cuadra es una pieza de rompecabezas. Cuando miro la numeración de Avenida de La Plata y faltan 18 cuadras, siento que va a ser un día un poco chato. Si solo observo los números al final de mi caminata es que habrá buen material. Nunca me enganché con el ommm, la meditación con velas y Sai Baba. Pero medito. Cuando camino. O cuando voy a nadar. Sólo eso impulsa mi pequeñísimo, casi imperceptible costado deportista.

Cantar es otra cosa. Es difícil de explicar. ¿Otra meditación? Qué sé yo: no tengo la más pálida idea. Y –en verdad– es muy lindo si el que te escucha disfruta. Pero si no, es muy lindo también.

Te estoy decepcionando. Es que no escribo para vos hoy: escribo para mi. Ni sé si lo voy a publicar, lo tengo que releer antes. Te prometo que en otro momento vuelvo a lo popular. A lo mejor.

Muy buenas noches,
Hasta mañana,
Este perrito se va a la cucha,
Y los niños a la cama.

Sí. Sale con fritas. Mesa 2.

No hay comentarios:

Publicar un comentario