lunes, 6 de noviembre de 2017

Eterno



Eternas las sonrisas. Eternos los amores eternos. Un hombre puede volar. Y una mujer también, claro. El cielo se llena de almas que se liberan. Se pone contento mientras nosotros nos entristecemos. Arriba, abajo. Sol, luna. Abrir, cerrar. Vivir, morir.

La sonrisa es eterna. El cuerpo, no. Bah, tal vez sí y no lo sabemos. Flexible la mente, flexible el corazón. Y partiste.

Baby, you can drive my car?

¡Cuántos jazmines vi hoy! No olían a nada. Qué pena. Ya perfumarán.

Mientras, te abrazo, me abrazás, y caminamos de la mano. Qué bueno tenerte. Qué bueno.

(¡Esto era el amor!)

Baby, you can drive my car?

lunes, 24 de julio de 2017

Me despido de Bob


Saltando. Pisando charcos. Pisando sapos. Duele. Se pasa. Vuelve a doler: John silba (I didn't mean to hurt you... ♪ ♫).

Quién sabe sobre el amor. Algo tan concreto, algo tan abstracto. Y uno sobre un bote que hace agua. Y a veces hace falta: nadás.

Para mí el amor es un bote de papel impermeable. Flota y si insistís, se hunde. Mucho remo y brazada. Y buenos deseos. Y corazón sincero.

(Me aburrí.)

Ahora lo tengo a Elvis con fiebre. Ya se le pasará.

No tengo los dedos superadheridos: los tengo congelados. El invierno me paraliza hasta el alma (tengo el alma en la punta de mis dedos: tal cual). Y con este alma congelada intento deslizarme en un teclado que me reclama: "¿por qué dejaste de escribir?".

A ver: John, silba porque está celoso, Elvis tiene fiebre y ya mismo me despido de Bob, porque me da bajón que me diga dónde están las respuestas.

Mi alma congelada en la punta de mis dedos no se puede expresar porque tiene frío. Estoy probando con David: quién si no él para levantar el espíritu... Fame... Same... ♪ ♫

Hoy no. Mañana quizás.
Sopita y a la cama.

(No hubo música que me quite el alma helada de la punta de mis dedos superadheridos... ¿al amor? <3)

lunes, 8 de mayo de 2017

Manuel sabe


Diez dedos vagos. Eso. Pero cuando empiezan a danzar sobre el teclado se arma una trama, una red, un crochet de ideas que buscan salir, expresarse, flotar y –en el mejor de los casos– volar. ¿A vos qué cosas te hacen volar? A mí, la mirada intensa, el abrazo sincero. Y la música, sobre todo (Manuel sabe, porque le pasa lo mismo). 

Busco nido, busco casa, busco cielo: encuentro mar. Siempre hay un mar donde perder la mirada y dejarse llevar. Aunque a veces te pese, aunque otras no entiendas, aunque muchas te enojes con lo que te toca vivir, la vida es maravillosa. Como la música, como el silencio. Como el queso.

Sí, mis queridos: el queso también es vida. No todo tiene que ser tan romántico. Bueno, al menos no para mí. Almibarado, no: paso. Dame ritmo, baby. No empalagues. Si te quiero, te quiero. Si me aburro, me aburro. Las caretas a Venecia. Ser lo que se es, no simular. Ahhhh... ¡qué paz!

En fin. ¿O en principio? No sé. Hay demasiado extremista por ahí. Y yo con mis valiosas medias tintas a cuestas. Mientras los grupos se enfrentan cada vez más, yo me esfuerzo en reforzar mis medias tintas. Fusionarme en colores nuevos, desconocidos. El papel es fuerte: no se va a agujerear. Flexible, más y más flexible. 

(Yo no quiero volverme tan loco...)


La pintura es de Rubén de Luis 

jueves, 9 de marzo de 2017

Creo


Me salteé febrero. Entro en marzo. Marzo porteño, con poco mar. Me faltó un poco más: es lo que hay. Todo no se puede. Frases hechas, un poco deshilachadas. A veces sirven, otras aburren. Para adelante. Sol hay en todas partes. Qué bueno. Gritar como loca, de alegría. La tristeza es silenciosa, pegajosa, pringosa. Attenti, porque te engulle, te atrapa y te sofoca. Basta para mí, basta para todos. ¿Qué es eso de andar peleando y enfrentándose todo el tiempo? Ufff...

Don´t let me down...

Fabia me regaló una lámina de Los Beatles, prolijamente enmarcada. Ellos me sonríen, casi que les rezo y a veces son mi Dios. Yo creo en la música. Creo fervientemente: nada más ecuménico.

Me pregunto: cuando hay hambre y no hay pan duro, ¿qué hacemos?

Don´t let me down...

Está todo un poco turbio. Mucho ruido y nueces rancias. Run, run, run. ¿Por dónde se sale de acá? Por donde haya mar: donde hay mar hay horizonte. Por eso me gusta tanto ir a la playa.

Ya sé: necesitás esperanza. Yo también. Y Esperanza Spalding no puede con todo. Verde, verde es todo lo que he visto: ese color nos ayudará.

Bueno. Divagar es necesario. Como una rutina de des-con-trac-tu-ra. No estuvo pulido, ni suave, ni bello. Aunque las palabras son siempre –al menos– pintorescas. Las letras ensambladas marcan un ritmo único, una cadencia especial. Leer y escribir no es suficiente. Entender y aprender es necesario. Y todo, todo, todo eso que acabo de decir es para mí.

Tengo un mundo de sensaciones, un mundo de vibraciones que te quiero regalar...

lunes, 30 de enero de 2017

Bill


Había escrito un montón de pavadas y cuando busqué la foto de Bill Evans para ilustrar el texto, cambié todo. Así de inspirador es este hombre para mí, aunque no lo haya conocido personalmente: no hace falta, me dejó música para esta vida y todas las que vengan (si Dios quiere y eso existe). Y te juro que no es ningún cliché. Estoy harta de los clichés de todo tipo. Lo único en esta vida de lo que estoy segura es de que la música me conecta conmigo. Es lo único que me conecta conmigo, de hecho. Porque es ahí donde puedo apagar la mente y realmente fluir. Es ahí cuando nada me importa: solo agradecer.

Vos tenías esa misma certeza. Y así nos hicimos amigos. Y deseo creer que de eso se trata la eternidad. Entonces, seguiremos encontrándonos en miles de acordes, esos que te ponen la piel de gallina, te hacen un nudo en la garganta y te emocionan, te entusiasman, te permiten entender cuál es el sentido de existir.

Otra vez, gracias por la música, amigo.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

50


Mientras un perrito con voz finita ladra, ladra y ladra a lo lejos y otro con un vozarrón potente le responde, yo voy llegando al medio siglo. Guau. Tantos años han pasado desde que llegué a este planeta... Y nada ha cambiado demasiado en mí. Bueno, tal vez sí. Aunque desde que me acuerdo, me molestan mucho los ruidos, no soporto los ronquidos, me angustian las discusiones y me encanta tener amigos. Dibujar me tranquiliza y la música me conmueve. Me llaman la atención los cielos siempre tan, tan altos. Y también los ojos negros de mirada profunda. Me cuelgo de los abrazos de mis queridos y sueño con que me traslado volando bajito, como Robotina. No puedo resistirme al queso rallado ni a una tarde de sol mirando el mar. Y si no hay mar, miro los árboles. Los admiro: siempre tan peinados, siempre tan altivos. El color verde me encanta: es uno de mis favoritos.

La vida me trajo hasta acá. ¿Y ahora? A aprender cosas nuevas, a divertirme, a amar. Amar, siempre. Ya no hace falta explicar. Qué bueno. Sí quiero seguir encontrando con qué entusiasmarme hasta el fin de mis días. Y si la vida se hace muy larga, espero poder seguir teniendo motivos para reírme. Me gustaría ver el mar más seguido, morir en su orilla, y que me susurre eternamente. También quiero volar, para conocer mejor las nubes. Y aterrizar en lugares nuevos, donde todo sea un descubrimiento.

Cantaré más seguido, seguiré nadando y –quién te dice– a lo mejor aprenda a manejar. O a tocar algún nuevo instrumento. No me quiero aburrir nunca. Es aburrido aburrirse. Aburridísimo.

Extraño a Amelia, a Ernesto, a Clotilde, a Margara, a Manuel. También a Malena. A Claudito... A Carlos, a Juan Manuel, a Joyita. Las tardes en Pergamino jugando al Patrón de la Vereda. Los veraneos en Villa Gesell en el autocamping California. Cantar en canon cuando íbamos llegando a algún destino en el Fiat 128 de papá.

Nada de todo eso me quita las ganas de vivir. Y si flaqueo, me levanto. Y me tiro de cabeza: el agua me recibe siempre con una caricia. Nadar me conecta con lo que soy y sobre todo con lo que puedo ser.

¡Feliz cumpleaños!

And in the end
The love you take
Is equal to the love
You make.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Una luna extraordinaria


Jazmines hoy. Jazmines siempre. Una luna extraordinaria y un "te extraño" inútil y que suena a poco. Tengo tu misma sangre: A, RH Negativo. Tus mismos gestos, tus mismos genes. No sabés cuánto me cuesta escribir desde que no me leés. Pero a pura brazada, avanzo. Vasca testaruda. Resignada. Recordándote en medio de una carcajada estruendosa o desde el llanto más desconsolado. Pero el consuelo, llega. Yo sé que es así. Me enseñaste y aprendí.

Chabuca me cantó hoy. El Negro me dijo: "es esa" y yo ni le había preguntado (¿Se lo dictaste? ¿Hay posibilidad de conectarse telepáticamente desde el más allá? ¿Estás en Pehuajó? ¿Huiste cual diva harta de la sobre-exposición del éxito?). Ok. No, no deliro. Juego.

Acá está todo bien. Los jazmines no se extinguieron y aún se pueden comprar. Los cachorros siguen naciendo y cuando uno los ve, la vida es bella. Las plantas que heredé de tu balcón están medio cachuzas. La verdad es que no les doy mucha bola. Igual, están de paro: vos eras su primavera. Y aunque nos parecemos mucho, no las engaño. Tus nietos crecen, crecen sanos. Se equivocan, aprenden, aman, estudian. Lo normal, bah. Mis hermanos y yo hacemos Shazam cuando hace falta. Somos unidos cuando es necesario pero independientes también. Sí: aprendimos. (Ah, gracias por no machacarnos con eso de los compromisos familiares... Tranquila, cumplimos. Pero la no hipocresía sigue intacta).

Ah, voy a cumplir 50. Y cuando escucho: ¡¡¡OHHHHHHHH!!! me da un poco de risa. Se ve que no te conocieron bien, ni a vos ni a papá... ¿Vejez? Ah, ok. Que venga. Voy a hacer todo lo posible para que me encuentre preciosa (por fuera y por dentro).

No. No nos gusta entrar en modo Verónica Castro. La vida sigue. La muerte existe. Pero el amor es indeleble.

Te amo tanto.

(La foto ilustrativa no es de mi balcón, claramente...)