sosa. (Del lat. insulsus). 1. adj. Que no tiene sal, o tiene poca. 2. adj. Dicho de una persona, de una acción o de una palabra: Que carece de gracia y viveza. U. t. c. s.
jueves, 9 de marzo de 2017
Creo
Me salteé febrero. Entro en marzo. Marzo porteño, con poco mar. Me faltó un poco más: es lo que hay. Todo no se puede. Frases hechas, un poco deshilachadas. A veces sirven, otras aburren. Para adelante. Sol hay en todas partes. Qué bueno. Gritar como loca, de alegría. La tristeza es silenciosa, pegajosa, pringosa. Attenti, porque te engulle, te atrapa y te sofoca. Basta para mí, basta para todos. ¿Qué es eso de andar peleando y enfrentándose todo el tiempo? Ufff...
Don´t let me down...
Fabia me regaló una lámina de Los Beatles, prolijamente enmarcada. Ellos me sonríen, casi que les rezo y a veces son mi Dios. Yo creo en la música. Creo fervientemente: nada más ecuménico.
Me pregunto: cuando hay hambre y no hay pan duro, ¿qué hacemos?
Don´t let me down...
Está todo un poco turbio. Mucho ruido y nueces rancias. Run, run, run. ¿Por dónde se sale de acá? Por donde haya mar: donde hay mar hay horizonte. Por eso me gusta tanto ir a la playa.
Ya sé: necesitás esperanza. Yo también. Y Esperanza Spalding no puede con todo. Verde, verde es todo lo que he visto: ese color nos ayudará.
Bueno. Divagar es necesario. Como una rutina de des-con-trac-tu-ra. No estuvo pulido, ni suave, ni bello. Aunque las palabras son siempre –al menos– pintorescas. Las letras ensambladas marcan un ritmo único, una cadencia especial. Leer y escribir no es suficiente. Entender y aprender es necesario. Y todo, todo, todo eso que acabo de decir es para mí.
Tengo un mundo de sensaciones, un mundo de vibraciones que te quiero regalar...
lunes, 30 de enero de 2017
Bill
Había escrito un montón de pavadas y cuando busqué la foto de Bill Evans para ilustrar el texto, cambié todo. Así de inspirador es este hombre para mí, aunque no lo haya conocido personalmente: no hace falta, me dejó música para esta vida y todas las que vengan (si Dios quiere y eso existe). Y te juro que no es ningún cliché. Estoy harta de los clichés de todo tipo. Lo único en esta vida de lo que estoy segura es de que la música me conecta conmigo. Es lo único que me conecta conmigo, de hecho. Porque es ahí donde puedo apagar la mente y realmente fluir. Es ahí cuando nada me importa: solo agradecer.
Vos tenías esa misma certeza. Y así nos hicimos amigos. Y deseo creer que de eso se trata la eternidad. Entonces, seguiremos encontrándonos en miles de acordes, esos que te ponen la piel de gallina, te hacen un nudo en la garganta y te emocionan, te entusiasman, te permiten entender cuál es el sentido de existir.
Otra vez, gracias por la música, amigo.
miércoles, 28 de diciembre de 2016
50
Mientras un perrito con voz finita ladra, ladra y ladra a lo lejos y otro con un vozarrón potente le responde, yo voy llegando al medio siglo. Guau. Tantos años han pasado desde que llegué a este planeta... Y nada ha cambiado demasiado en mí. Bueno, tal vez sí. Aunque desde que me acuerdo, me molestan mucho los ruidos, no soporto los ronquidos, me angustian las discusiones y me encanta tener amigos. Dibujar me tranquiliza y la música me conmueve. Me llaman la atención los cielos siempre tan, tan altos. Y también los ojos negros de mirada profunda. Me cuelgo de los abrazos de mis queridos y sueño con que me traslado volando bajito, como Robotina. No puedo resistirme al queso rallado ni a una tarde de sol mirando el mar. Y si no hay mar, miro los árboles. Los admiro: siempre tan peinados, siempre tan altivos. El color verde me encanta: es uno de mis favoritos.
La vida me trajo hasta acá. ¿Y ahora? A aprender cosas nuevas, a divertirme, a amar. Amar, siempre. Ya no hace falta explicar. Qué bueno. Sí quiero seguir encontrando con qué entusiasmarme hasta el fin de mis días. Y si la vida se hace muy larga, espero poder seguir teniendo motivos para reírme. Me gustaría ver el mar más seguido, morir en su orilla, y que me susurre eternamente. También quiero volar, para conocer mejor las nubes. Y aterrizar en lugares nuevos, donde todo sea un descubrimiento.
Cantaré más seguido, seguiré nadando y –quién te dice– a lo mejor aprenda a manejar. O a tocar algún nuevo instrumento. No me quiero aburrir nunca. Es aburrido aburrirse. Aburridísimo.
Extraño a Amelia, a Ernesto, a Clotilde, a Margara, a Manuel. También a Malena. A Claudito... A Carlos, a Juan Manuel, a Joyita. Las tardes en Pergamino jugando al Patrón de la Vereda. Los veraneos en Villa Gesell en el autocamping California. Cantar en canon cuando íbamos llegando a algún destino en el Fiat 128 de papá.
Nada de todo eso me quita las ganas de vivir. Y si flaqueo, me levanto. Y me tiro de cabeza: el agua me recibe siempre con una caricia. Nadar me conecta con lo que soy y sobre todo con lo que puedo ser.
¡Feliz cumpleaños!
And in the end
The love you take
Is equal to the love
You make.
lunes, 14 de noviembre de 2016
Una luna extraordinaria
Jazmines hoy. Jazmines siempre. Una luna extraordinaria y un "te extraño" inútil y que suena a poco. Tengo tu misma sangre: A, RH Negativo. Tus mismos gestos, tus mismos genes. No sabés cuánto me cuesta escribir desde que no me leés. Pero a pura brazada, avanzo. Vasca testaruda. Resignada. Recordándote en medio de una carcajada estruendosa o desde el llanto más desconsolado. Pero el consuelo, llega. Yo sé que es así. Me enseñaste y aprendí.
Chabuca me cantó hoy. El Negro me dijo: "es esa" y yo ni le había preguntado (¿Se lo dictaste? ¿Hay posibilidad de conectarse telepáticamente desde el más allá? ¿Estás en Pehuajó? ¿Huiste cual diva harta de la sobre-exposición del éxito?). Ok. No, no deliro. Juego.
Acá está todo bien. Los jazmines no se extinguieron y aún se pueden comprar. Los cachorros siguen naciendo y cuando uno los ve, la vida es bella. Las plantas que heredé de tu balcón están medio cachuzas. La verdad es que no les doy mucha bola. Igual, están de paro: vos eras su primavera. Y aunque nos parecemos mucho, no las engaño. Tus nietos crecen, crecen sanos. Se equivocan, aprenden, aman, estudian. Lo normal, bah. Mis hermanos y yo hacemos Shazam cuando hace falta. Somos unidos cuando es necesario pero independientes también. Sí: aprendimos. (Ah, gracias por no machacarnos con eso de los compromisos familiares... Tranquila, cumplimos. Pero la no hipocresía sigue intacta).
Ah, voy a cumplir 50. Y cuando escucho: ¡¡¡OHHHHHHHH!!! me da un poco de risa. Se ve que no te conocieron bien, ni a vos ni a papá... ¿Vejez? Ah, ok. Que venga. Voy a hacer todo lo posible para que me encuentre preciosa (por fuera y por dentro).
No. No nos gusta entrar en modo Verónica Castro. La vida sigue. La muerte existe. Pero el amor es indeleble.
Te amo tanto.
(La foto ilustrativa no es de mi balcón, claramente...)
lunes, 12 de septiembre de 2016
Silencio, por favor
Las alarmas gritan. Las sirenas, también. La lluvia susurra y yo espero el verano. Los autos cecean y los colectivos gruñen. A veces el gruñido se transforma en una especie de canto... que se aleja. Dejo de escribir porque siempre se me ocurre contar las mismas cosas. Creo que le llaman catarsis. Pero hoy voy a simular que no estoy pensando en vos y voy a hablar de los ruidos que me rodean. La música es un motivo para estar vivo. Los ruidos desafinados, aterradores, exagerados dan ganas de volar lejos, hacia arriba. En fin.
Y el viento... El viento grita disfónico. ¡Se enoja porque quiere gritar y no le sale! Hasta que llega el trueno, que es su intérprete. Conversan, se pelean, discuten o arman una banda de heavy metal. Quién sabe...
La cañería de mi vecina no para de sonar. Es un sonido, diría... tribal. Como el intento de un percusionista posmoderno que busca la manera de causar sensación.
Si lo pensás, los ruidos hacen música, a veces. Me acuerdo, cuando era muy chica, de escuchar el loop de la lustraaspiradora. Ahora casi no la uso, la usa Paula. Pero sí me engancho con el estribillo del lavarropas. A veces es genial.
Los ruidos me alteran, La música (bueno, lo que para mis oídos lo es) me hace feliz. Y el silencio me alivia.
Shhhhh...
lunes, 25 de julio de 2016
Corazón
Me cuesta escribir. Las palabras dejaron de fluir. Pero volverán, como el sol. Como tu sonrisa en mi mente y en mi alma.
Entiendo las partidas, no la crueldad. Y cuando no entiendo, pienso música. Pienso en qué es lo que le da sentido a todo. Para qué sirve vivir. También busco y encuentro colores. Mirar colores me da alegría. Que me prepares un mate a la mañana, también. Que me cuides, me esperes y me quieras, mucho más.
Y no para. No importa. Dormiré pensando músicas. Esas que guardo en el corazón y que acompañan tu recuerdo. Tu recuerdo no es recuerdo. Es un sentimiento nuevo que no sé explicar. Una presencia concreta pero sin abrazo: acá estás.
Te fuiste y me dejaste un amor a mano.
Te quiero.
(Y a vos también.)
lunes, 30 de mayo de 2016
Llegar
Me costó llegar. Cambiaron el camino y no veía la entrada. Pasa todo el tiempo. Pero los años te ayudan a encontrar brújulas instantáneas, aún cuando no tenés idea de que contás con ellas. Sí: brújulas. No GPS, ni GoogleMaps: brújulas.
Reconozco que los cambios me asustan bastante. Pero una vez que estoy en medio de la vorágine que significan, los disfruto. Disfruto de no saber, de descubrir. Lo predecible me aburre, la monotonía también. Pero si hay un refugio, me quedo. Y si hace calor, mucho más.
No tengo muchas ganas de bucear hoy. Así que voy a ser breve.
3...
2...
1...
Au revoir.
(¡Ah! Me encantan los globos terráqueos. No sé por qué aún no tengo uno...)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





