sábado, 8 de marzo de 2014

Patito de hule


Cuando escribo me siento libre. En realidad, casi siempre me siento libre. De decir. De hacer. De pensar. Y ya me acostumbré. Y me resulta desesperante percibir con cuántas imposiciones se vive... en general. Voy a seguir insistiendo. Para que mi cabeza se flexibilice. Me cuesta, porque algunos moldes son tan difíciles de romper... Pero puedo. Yo sé que sí. Aunque la vehemencia me cueste muy caro. Aunque a veces sienta que el precio es alto, creo que vale la pena... Porque... ¿sabés qué? Yo me quiero, me respeto y me gusto. No es poco.

Construir un bote fuerte lleva tiempo. Aunque no sepa navegar, soy mujer de mar. Sin dudas. Así que, sé. No de todo, ni pretendo. Me aburren los sabihondos. Tanto... El sabihondo no tiene matices... Como una tela pintada de un solo color. Puede ser muy posmoderno, pero a mí nada me pasa con eso. Es que aunque voy encontrando nuevas caretas para arrancarme, siempre aparece otra más... Entonces, le buscaré el piolín para desatarla y que caiga.

Sí: lo confieso. Detesto el corso. Aunque más de una vez me he disfrazado, claro... Y lo único que encontré fue infelicidad. Una espantosa sensación de estar muy sola, debajo del agua y apretándome la nariz para no ahogarme... ¡Es por eso que no me gustan las fiestas de disfraces! ¡Mirá lo que vengo a descubrir con la punta de mis dedos! Eso no es cabeza: es tacto. Tecleando, tecleando la cabeza se desboca y salen a flote camalotes de colores... que brillan bajo la luz del monitor.

Al agua, pato. Siempre al agua. Con plumas, de hule, como venga. Pero siempre al agua.

domingo, 16 de febrero de 2014

Salamanca non presta


Hay mucho, mucho viento. Sopla y canta. Dice que está cansado de despeinar gente, que no debería ser necesario tener que hacerlo, que todos tendríamos que aprender a estar despeinados y felices. Que tanto peine no alinea los pensamientos, que es inútil plancharse el pelo, que "lo que natura non da, Salamanca non presta"... Eso ya lo aprendí, por eso nunca me peino demasiado.

Ahora dice que el frío no tiene nada que ver con el clima, y que el amor es cálido más allá de la temperatura. "No están entendiendo nada de nada", repite. Que Mary Poppins no es una historia de ficción, pero que el paraguas es meramente decorativo: para volar no hace falta. Que el vuelo tiene que ver con la combustión que crean el alma, el corazón y la mente cuando se alinean. Alineación y balanceo, bah.

Que el hombre SÍ puede volar, y que nos hicieron creer que no para que... ¿para qué? Me perdí. Se fue. Ya va a volver. Viene a menudo por mi balcón. Me despeina las macetas, me desordena las regaderas y hace bailar al tender. Qué loco...

Siempre, siempre lo recibo con alegría, salvo cuando está tan enojado que me asusta. En fin: así son las pasiones, ¿no?

¿Sí o no? ¿Me estás preguntando? ¿Me estás respondiendo?

...

No sabe. No contesta.

martes, 28 de enero de 2014

Caballitos de mar


El mar no me habla específicamente a mí. Sería muy soberbia si creyera eso. Yo escucho sus relatos desde mi sillita al sol. Y la vida se me ilumina, se me oscurece, tengo frío, tengo calor...

En la playa no hay secretos, histerias, estrategias ni posturas. Nada de eso. No para mí. Vida pura, fácil. Subo el médano, lo bajo, llego a la costa, me mojo los pies. Si el mar está tranquilo y hace calor, entro. Si no, lo observo. Ya suficiente movimiento hay dentro de mí. Él sabe, no me obliga. Me da lo que yo necesito recibir.

Voy a encontrar la manera de estar cerca suyo más a menudo, porque ahí –casi siempre– soy feliz.

Ahora estoy en la ciudad. Me traje el cielo conmigo. Una parte, bah. Me alcanza hasta que vuelva a subir el médano, bajarlo, llegar a la costa y mojarme los pies.

(Un secreto: cuando miro el mar –después de un rato– encuentro a mis queridos que ya no están. Sin tristeza. En la espuma. Siempre sonrientes y disfrazados de caballitos de mar.)


lunes, 23 de diciembre de 2013

Paz


Si pensás que la vida debería ser más fácil, creo que estás equivocado. Lo fácil no se dimensiona, no se valora, pasa por vos sin dejar huella. Sin dificultad no existiría la liviandad. Y no es la conclusión de una mente torturada. Pensalo.

Nos va muy bien, nos va muy mal, reímos a carcajadas, lloramos a mares... Nos dejamos empujar, nos dejamos abrazar. Vamos contra viento y marea y luego nos lleva la corriente. Así de contradictorios, así de maravillosos. Creo que hay una sola cosa que deberíamos poder conservar intacta: la paz. Pero la paz en el sentido más esencial. 

La primera acepción a la palabra "paz" en el Diccionario de la Real Academia Española es: "Situación y relación mutua de quienes no están en guerra". No estés en guerra. Te deseo justamente eso para estas Fiestas. Para toda tu vida. Para empezar el año. Para lo que sea. 

Salud, amor y –si no te vuelve mezquino, soberbio, insensible– dinero.

¡Feliz Navidad!
¡Feliz Año Nuevo!

sábado, 30 de noviembre de 2013

Me harías tanto bien si existieras


Miro para un lado. Miro para el otro. Nada por aquí, nada por allá... Creo que hasta escucho grillos. Así que, subo por la escalerita del tobogán y... ¡me voy a tirar! Pero es un tobogán tan largo, tan largo que quién sabe dónde terminará. No sé: si cuando llego al final no hay nada, pico en la cama elástica y subo otra vez. Y subo... Y subo... Llego al cielo un ratito para darte un abrazo, papá: ¡estás cantando! Y, claro: a vos también te doy un abrazo, chabón tiburón... ¡cuando termines de bailar!

El otro día te vi: usabas saco y estabas vestido de negro. Sonreías, como siempre. De fondo, un cielo azul, sin nubes y unas sierras. Y estabas rodeado de flores lilas, del color del jacarandá. Te veo casi siempre que me voy de mí, te doy un abrazo y vuelvo.

¿Cómo sigue la vida? Necesito... No, no quiero escribirlo acá. Yo sé. Me voy a frotar la piel hasta brillar, o hasta volverme casi transparente para que se vea mi alma. Ya no quiero hablar. Quiero hacer. Hacer más. Hasta flotar.

Tengo un nudo en el pecho. Es la incertidumbre. Pienso en verde y se diluye. Ya no busco esperanza. Los tomatitos crecen, las frutillas y la radicheta también. Me llegó "El Principito", y eso que Saint-Exupéry se subió a su avión y nunca más se supo de él... Deseo volver a ponerme mis alas, desplegarlas y despegar (qué maldita costumbre de prestarlas y que me las rompan... las alas...).

Roto, roto, chinche-poroto.
Sano, sano, chinche-gusano.

Me harías tanto bien si existieras.

lunes, 28 de octubre de 2013

Un velerito


En blanco. Me dejaste en blanco, amigo. Andando despacito. "Si no canto lo que siento..."... ¿Sabés que en estos días solo recuerdo los momentos en los que te tentabas de la risa? Y me das alegría en medio de esta tristeza... Y además escucho en algún susurro, por ahí, que de nada sirve parar. Claro. ¿Justo vos, topadora humana, "chabón tiburón"? Cuántas veces nos reímos juntos. Un rejunte de irónicos, ácidos como los caramelos Suchard... (que estaban envueltos con colores brillantes).

¿Hay 2x4 en el cielo? ¿Y las minusas? ¿Qué tal están? No seas tan severo, ¿eh? Dejáselas pasar. Todos sabemos que sos un paquete de amor, un poco enojado, muy vehemente... Alguien me dijo el otro día que parecíamos hermanos en una foto... Y sí: algo de eso hay.

Yo creo que en algún lugar nos vamos a encontrar. De verdad. Y no es un consuelo tonto. Es el amor que perdura.

Y ahora me subo a la escalerita y me tiro por el tobogán. Vientito en la cara y allá lejos, el mar. En el horizonte un velerito, chiquito, chiquito que avanza, de izquierda a derecha. Despacito. No lo pierdo de vista ni un segundo. Me puse los anteojos para verlo mejor. Por momentos parece que ya no está pero... ¡zas! ¡Ahí está! A lo mejor, si nado fuerte, lo alcanzo antes de que desaparezca. No: no va a desaparecer, porque el horizonte es infinito y el recuerdo que tengo de vos, también.

Voy a extrañar tu abrazo fuerte. Pero ya mismo lo declaro eterno, para que nunca me faltes.

Te quiero, amigo.

("Blue in Green").

sábado, 21 de septiembre de 2013

Flores (y punto)


Demasiado silencio. Demasiado cuidado. Toneladas de lenguas mordidas. Para callar. Para no ofender. Para ser "lo que hay que ser". Se acabó. Hace rato. Y hoy, es otra vez primavera. Las flores nunca se callan: se abren cuando llega su tiempo, perfuman, adornan. Embellecen. Luego, se marchitan. Y mueren. Pero mueren para transformarse en fruto, en semilla. Y así, renacen. Está claro: hay que morir y renacer, morir y renacer, morir y renacer... Hasta morir (y, tal vez, renacer. Yo no sé).

Ser flor, duele. Ser dolor... aburre. "Ser" es profundo. También es un yogur. Depende desde dónde se lo mire. Como las flores. O Las Flores. O Lola Flores. O "Flores Lola". O vivís en Flores.

Desacartonate, querés. Ya sé que no existe. Justamente. Eso es "desacartonarse": ser o no ser. ¿Te suena? Lo dijo Hamlet. O Jámlet. O como quieras. Veo tantas "o" en este texto que de repente parece que estuviera lleno de agujeros. Falló el antipolillas. Es que el veneno mata a la polilla y también al que aprieta el aerosol... Pensalo.

Estoy paveando. Es la primavera. Yo voy a comprar flores en maceta. Y voy a completar mi balcón. Y, de paso, voy a volverme planta. Si el verde me encanta y me queda bien. ¿Cuál es el problema?

Ya sé que eso de "renacer" en primavera es un cliché. O un clisé. O un "chiclet"... PSSSSSSSSSSSSSS: matapolillas... ... ... Los agujeros. ¿Ves? Te intoxicaste al cuete y siguen apareciendo las polillas. Mejor volvete planta y ya no uses sweater. Y no hay más agujeros, ni matapolillas. Y a lo mejor, te transformás en flor. Y volvemos al comienzo de este texto. Y así. Primavera, verano, otoño, invierno y... ¡Primavera!

Es que fuimos a ver a Yayoi Kusama: no me pegué los puntos de colores en la cara, pero parece que algo de sus obsesión quedó en mí.

Y... qué sueño. Punto. Punto. Punto. (Sacate eso de la cara, por favor). Punto.