sosa. (Del lat. insulsus). 1. adj. Que no tiene sal, o tiene poca. 2. adj. Dicho de una persona, de una acción o de una palabra: Que carece de gracia y viveza. U. t. c. s.
sábado, 26 de julio de 2014
Sha-la-lá
No se me ocurre nada. Nada de nada. "Nada anda, Dana". Adan. Eva. Hoja de parra tapa tu sexo. Hoja botona, hoja censura. Bueno, tampoco es cuestión de andar mostrándose a todo el mundo, porque sí.
No me gusta el frío, no podría andar desnuda en invierno. El invierno me obliga a taparme. ¿A esconderme? No, no quiero. No me escondo. "Punto y coma, el que no se escondió se embroma. Zapatilla de goma".
Un bache tras otro: eso es este texto. Estoy un poco muda. Y no hay ruido. Solo me queda un poco de tos y un recuerdo bastante lejano de vos, que ya no me duele. No quiero usar curitas, que me cure el viento. Me visto de indio y salgo a caminar. Y las plumas empiezan a brotar sin que me dé cuenta. Soy indio, pájaro y almohada. Guau... (y perro).
A veces me gustaría ser perro. Tener un lindo colchón cerca de la estufa, y recibir un mimo sólo con mover la cola. Que me saquen a pasear (sin correa) si pongo ojitos tristes y no muerdo. Ir de vacaciones a la playa y juntarme con los perros asoleados, bañarme un poco en el mar y que después me saquen la arena para llevarme en la luneta del auto.
Hoy no hay nada profundo que decir: me quedo en la superficie. Miro todo sin aumento y no hay cornisa. Dejame mesetear un poco, ¿querés? Y hago de cuenta que la tengo re-clara con el surf, que me gustan las canciones sha-la-lá y que el mondongo no existe. Que las guerras son de ficción y que nadie es capaz de matar a otro, mucho menos torturar. Que todos los niños del mundo son felices, bien tratados, juegan y cantan y no tienen que trabajar. Que el amor verdadero existe (yo siempre creo que sí).
Todavía no pude salir del abrazo de mi abrigo. Tengo puesta la bufanda. Pero el verano llegará.
[Sha-la-lá,
Sha-la-lá]
Me falta algo. ¿O tengo demás? ¿Pollo o pasta? ¿Norte o sur? Apurate que me aburro. Mientras tanto, me sueño. Doblando la esquina de mi alma hay un cerro pequeño. Es bajito, pero desde ahí puedo ver todo. Todo lo que necesito. Encuentro amor donde hay. Ya no me meto en laberintos inútiles. Y si entro, miro y salgo. Y si me enredé, hago un Verónica Castro rapidito y vuelvo a mí: Mimí.
...
Ya está.
sábado, 14 de junio de 2014
Y solo existían las flores
Pero si te cruzo, saludame. No me des vuelta la cara, por favor. Pongo música ya mismo y vas a ver (...). Ahora sí: magia. Magia sin galera, magia sin conejo: magia sin mago. Me quedan 54 minutos de cielo. Y después... volver.
Me tiemblan un poco las manos. Se me deshace el corazón al escuchar. Es que me desmorono cuando dejo de pensar. Y me voy: ya no pienso. Y qué poquísimo me importa el deber ser. Soy alta, soy grande, soy yo-yó por un rato. Un ratito. Me saco el traje de geisha y me vuelvo samurai. ¿Te acordás de "The Wall", de esos dibujos torturados que pasaban de flor a sexo y de sexo a monstruo? Así soy yo. Pero con Roger Waters no tengo nada que ver. Yo al bajo ya lo largué... ¡y él miente cuando hace playback!
[Silencio.]
Perdí el hilo. Volvió el capitalismo en medio de la emoción. Qué mezcla. Qué asco. Qué paz que pueda encontrarme, aunque tenga que revolver y revolver. Y tirarme al piso boca arriba para caer sin golpearme. Si tuviera mar cerca nunca me dolería. Bah, sí me dolería. Pero vería el sol aunque fuera de noche. Y, a lo mejor, podría construir mi propio podio y dejar de premiarte por cualquier boludez. Estoy pensando en quedarme con la copa más grande, en colgarme mil medallas de aire para no encorvarme y poder seguir nadando hasta el infinito... si es que existe.
Me da la sensación de que voy a seguir escribiendo hasta que se corte la luz. La luz de mi cabeza. La luz del no pensar. ¿Vos me leés? ¿Vos me pensás? No me importaría que no me importe. Yo sé sentir. Estoy bendecida. A veces, desquiciada. Otras, enojada. Y otras, ¡feliz! Las medallas de aire me van a permitir flotar. Y te juro que no tomo drogas. Es una pérdida de tiempo volarte un rato de vos, si en algún momento tenés que volver...
[Música: te escucho, campeón.]
Qué fácil sería. Pero solo puedo apoyarme en lo que hay. Mi casillero de amores no correspondidos está completo, no hay más lugar. Es más: cerré con llave y la tiré, tuve el valor. ¿Ves? Pensé que nunca iba a poder. Pero soy un caballito de mar. Galopo entre olas y solo salgo a respirar. Me tiro de cabeza, pero sé bien que no puedo aguantar el aire hasta morir violeta. Salgo a respirar. ¡Salgo a respirar!
Y qué placer
cuando no hay nada
que pueda ver
y solo invento tu sonrisa
y apago así
toda agonía... ♫ ♪
domingo, 18 de mayo de 2014
Nunca sin almohada
Algunas veces siento que ser feliz es tan fácil... Abrís la ventana, mirás el cielo... Si hay mar, ¡mejor! Si tenés al amor cerca, casi perfecto. Tener al amor es, antes que nada, tenerte a vos. Desde ahí, podés construir casi infinitas cosas. Algunas pequeñas, otras muy grandes... Nada de eso –para mí– tiene que ver con lo material. El alma se alimenta de afectos, de colores, de melodías. De lo que podés hacer con lo que sos. De lo que podés ser con lo que hacés.
Los trabalenguas nunca han sido mi fuerte. Se me traba la lengua, literalmente. No importa, ya no quiero confusión. Quiero libertad y la tengo. Y encuentro amor porque (creo) que ya aprendí dónde no hay. Busco donde hay, y si me equivoco me voy. Ah: amor es muchas cosas. Muchas. Tantas. Infinito. Mirá el cielo. O el mar. En el ombligo, no hay.
El ombligo sirve para que recuerdes de dónde venís: de un lugar que no recordás. Es decir que tu origen (más allá de lo obvio) es muy incierto. Entonces: ¿por qué creemos que el destino está marcado? Tanta cabeza... ¿para qué? Se puede volar sin alas, se puede cantar sin voz, se puede soñar, ¡pero nunca sin almohada!
Qué felicidad me da ser feliz. Sentirme fácil. Liviana. Estar contenta porque hay chocolate o sol. Te extraño tanto que a veces lloro de repente, apoyada en la pared. Dura quince, veinte segundos y sigo viviendo como si nada, para encontrarme otra vez con la música que me heredaste, que te agradezco más que mil mansiones... Solo querría que existiera la forma de volver a sentir que quedo atrapada en la colcha que ajustás con precisión de ingeniero para que me duerma protegida, segura, sabiendo que si necesito un abrazo me lo vas a dar...
El cielo tiene suerte de haberte recibido. Y yo te prometo que voy a ser lo más feliz que pueda hasta el último día de mi vida.
(20 segundos)
Mañana va a ser un día soleado.
Las fechas son convenciones.
Voy a ser lo más feliz que pueda: amor es eso también.
sábado, 5 de abril de 2014
Colorín, colorado
Me enamoro y te vas. Llegás y partís. Te encuentro pero no estás. Ufa. Es que no te encontré, eras una ilusión. Vaivén constante, como el mar. Bueno, no te enojes. Me gusta pensar que sí-sisisí-sisisí. Ya no tengo expectativas pero sí un montón de fantasías. Qué alivio.
Encontré una pluma. Algún pájaro la perdió. ¿O la habrá dejado en mi camino? No sé: yo me la puse en la cabeza y empecé uououououó como los indios. ¿Será el espíritu de la abuela Rosalía Oviedo? Ella era indígena de verdad.
Quiero ese cóctel. Mi cóctel de boinas, plumas y unos barcos llegando al nuevo puerto. Palabras fuertes con voz suave: esa es mi herencia. Y canto para que suenen mejor. ¿Quién me querrá escuchar? ¿Podrá salvarme el Chapulín Colorado? Yo contaba con su astucia...
Y colorín, colorado, ese cuento se terminó. Me compré un libro nuevo pero las páginas son todas de distintos colores y están muy desordenadas (¡al fin!). Casi no incluyen palabras, sí muchos dibujos: algunos para colorear. Puedo usar lápices, pero prefiero mis manos. Y mis pies. Y muchos pétalos que cuando se marchitan cambian de color, pero siguen oliendo bien.
Ahhhh... Suspiros primaverales de otoño.
–¡Dame la P!
–Te doy la P
–¡Dame la L!
–Te doy la L
–¡Dame la A!
–Te doy la A
–¡Dame la Y!
–Te doy la Y
–¡Dame la A!
–Te doy la A
¿Qué queda?
¡Más fuerte!
Playa. Playa. Playa.
Sigo deseando: voy encontrando.
sábado, 8 de marzo de 2014
Patito de hule
Construir un bote fuerte lleva tiempo. Aunque no sepa navegar, soy mujer de mar. Sin dudas. Así que, sé. No de todo, ni pretendo. Me aburren los sabihondos. Tanto... El sabihondo no tiene matices... Como una tela pintada de un solo color. Puede ser muy posmoderno, pero a mí nada me pasa con eso. Es que aunque voy encontrando nuevas caretas para arrancarme, siempre aparece otra más... Entonces, le buscaré el piolín para desatarla y que caiga.
Sí: lo confieso. Detesto el corso. Aunque más de una vez me he disfrazado, claro... Y lo único que encontré fue infelicidad. Una espantosa sensación de estar muy sola, debajo del agua y apretándome la nariz para no ahogarme... ¡Es por eso que no me gustan las fiestas de disfraces! ¡Mirá lo que vengo a descubrir con la punta de mis dedos! Eso no es cabeza: es tacto. Tecleando, tecleando la cabeza se desboca y salen a flote camalotes de colores... que brillan bajo la luz del monitor.
Al agua, pato. Siempre al agua. Con plumas, de hule, como venga. Pero siempre al agua.
domingo, 16 de febrero de 2014
Salamanca non presta
Ahora dice que el frío no tiene nada que ver con el clima, y que el amor es cálido más allá de la temperatura. "No están entendiendo nada de nada", repite. Que Mary Poppins no es una historia de ficción, pero que el paraguas es meramente decorativo: para volar no hace falta. Que el vuelo tiene que ver con la combustión que crean el alma, el corazón y la mente cuando se alinean. Alineación y balanceo, bah.
Que el hombre SÍ puede volar, y que nos hicieron creer que no para que... ¿para qué? Me perdí. Se fue. Ya va a volver. Viene a menudo por mi balcón. Me despeina las macetas, me desordena las regaderas y hace bailar al tender. Qué loco...
Siempre, siempre lo recibo con alegría, salvo cuando está tan enojado que me asusta. En fin: así son las pasiones, ¿no?
¿Sí o no? ¿Me estás preguntando? ¿Me estás respondiendo?
...
No sabe. No contesta.
martes, 28 de enero de 2014
Caballitos de mar
El mar no me habla específicamente a mí. Sería muy soberbia si creyera eso. Yo escucho sus relatos desde mi sillita al sol. Y la vida se me ilumina, se me oscurece, tengo frío, tengo calor...
En la playa no hay secretos, histerias, estrategias ni posturas. Nada de eso. No para mí. Vida pura, fácil. Subo el médano, lo bajo, llego a la costa, me mojo los pies. Si el mar está tranquilo y hace calor, entro. Si no, lo observo. Ya suficiente movimiento hay dentro de mí. Él sabe, no me obliga. Me da lo que yo necesito recibir.
Voy a encontrar la manera de estar cerca suyo más a menudo, porque ahí –casi siempre– soy feliz.
Ahora estoy en la ciudad. Me traje el cielo conmigo. Una parte, bah. Me alcanza hasta que vuelva a subir el médano, bajarlo, llegar a la costa y mojarme los pies.
(Un secreto: cuando miro el mar –después de un rato– encuentro a mis queridos que ya no están. Sin tristeza. En la espuma. Siempre sonrientes y disfrazados de caballitos de mar.)
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